Carmen Giraldez
Carmen Giraldez junto a su cuadro “Siringe”

El ser humano es el centro de mi trabajo, aunque a veces hago incursiones en otros ámbitos siempre vuelvo al tema del Hombre. En esencia, lo que me ha fascinado desde hace muchos años

acerca de hombres y mujeres son sus pasiones, todas esas imperfecciones y virtudes que los caracterizan y los hacen tan bellos como temibles. Con frecuencia todas las pasiones están contenidas en una sola persona.
Las virtudes de las personas nos atraen, mas, con frecuencia, sus defectos los hacen realmente sorprendentes. Por otro lado, es la unión de ambos, y especialmente en sus extremos – grandes virtudes y grandes defectos – lo que hacen intensa a la persona. Los sentimientos que van desde inocencia a la perversión son un maravilloso tema de estudio desde la estética. Así, lejos de caer en la moralización y sentimentalismo, miro en las más profundas características que elser desarrolla en el curso de su vida, características que he ido encontrando a mi alrededor.Mi objetivo es reflejarlo de una manera simbólica y psicológica, y de una forma que es a veces explícita.
No estoy especialmente interesada en que el espectador llegue a comprender todo el contenido de cada pintura; el misterio tiene que ser parte de la pieza. Las diferentes capas de significado la enriquecen, y el sentido podrá ser mejor entendido con el paso del tiempo, introduciendo al espectador en una segunda o tercera mirada. Aún así no debemos olvidar que es una obra plástica, sobre todo, un trabajo estético y como tal debe funcionar. Si se llena el espíritu del observador con sensaciones, pero no llena su mente con significados, para mí es suficiente. Una buena obra de arte no necesita una explicación en palabras, se explica por si misma. Lo importante es comprobar que la pieza produce en el espectador intensidad de experiencias y sentimientos, y puede llevarse a casa algo que durará en el tiempo.

 

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